Y Livia bailó

Ayer Livia tuvo función de la escuela de ballet a la que va. Llevaba un mes ensayando y tenía muchos nervios. Y más teníamos nosotros. Ya he contado en alguna ocasión lo difícil que me resulta asistir a esas funciones de Navidad o fin de curso del cole, donde todos los niños y niñas hacen una coreografía que han ensayado durante días. Y resulta difícil porque la diferencia se hace evidente y siempre va unos segundos por detrás. Sé que no es tan relevante, pero de verdad que siempre termino con un nudo en el estómago.
Para la función de ayer llevaba preparándome semanas, segura de que iba a pasar un mal trago. Pero no fue así. Livia estuvo magnífica. Es verdad que bailó con un ritmo propio pero ayer, sus peculiaridades, su forma de andar un poco más pesada, sus segundos de retraso en cada paso hicieron la coreografía más bella, más perfecta. Y al final todo encajó, como las piezas de un reloj. Y yo aplaudí emocionada por lo que había logrado y por la huella que había dejado en la pieza de baile.

