Ojos de Almendra

Ojalá

Me hubiera gustado inaugurar este blog contando algún logro de Livia o alguna de las trastadas que hace.

Pero no. De alguna manera este espacio está pensado para servirme de terapia, para permitirme compartir algunas de las cosas que me pasan y pesan porque así se me hacen más livianas.  

Cuando tienes un hijo con discapacidad, cada etapa presenta sus propios desafíos. A mí desde hace un par de años me preocupa especialmente uno. Si la aceptarán en clase y si mantendrá los amigos que tuvo durante los cursos pasados. Y con esa idea en la cabeza he vivido los dos últimos inicios de curso, pensando en cómo cambian los niños en un verano y cómo esos cambios no se notan tanto en ella, que se va quedando irremediablemente atrás para lo que son los estándares medios de los niños de su clase. 

Hoy, cuando le he preguntado que con quien ha jugado en el recreo me ha dicho que sola. Y se me ha caído el alma a los pies. Sé que seguramente no será nada pero de pronto ahí estaba, uno de los temores que más me atormentan, presente. Grande y oscuro. Tanto que sé que hoy me costará dormir. 

Un amigo me ha dicho que seguramente no sea nada y que igual no ha sido cómo yo me lo estoy imaginando. Ojalá tenga razón y mañana me cuente que ha jugado con sus amigos. Ojalá.