Cada una a su ritmo: VII Corriendown
Asistir a Corriendown, la carrera solidaria que organiza la Asociación Down Sevilla se ha convertido en una tradición en casa. El primer año que fui, con Livia muy pequeñita, lo pasé muy mal. Estaba en fase de aceptación -y adaptación- y no estaba preparada para un acontecimiento así. Sé que suena duro pero cuando tienes un hijo con síndrome de down, un pequeño bebé de ojos rasgados, no lo asocias con personas adultas que no hablan del todo bien y bailan y ríen sin complejos.

Desde entonces, mis amigas me acompañan todos los años. Para ellas, me decían este domingo, es un día de fiesta que celebran con nosotros, es un canto a la vida, por Livia, por lo maravillosa que es.
Y aunque es cierto, para mí sigue siendo un día complicado. Espero que nadie lo note pero es así. Un día en el que ni por un minuto te puedes abstraer de que tu hija es diversa y tendrá las dificultades propias de esa diversidad. Y aunque es un día de celebración, de hermandad y acompañamiento entre familias, un día de fiesta, porque son muchas las personas que nos acompañan por pura solidaridad, me parecería injusto que no pudiéramos hablar de lo que nos pasa por dentro, de cómo se nos remueve todo sin sentirnos mal por ello. Porque yo sé la suerte que tengo con Livia, la explosión de emociones que me provoca cada logro, lo que siento cuando me abraza. Porque yo sé lo que la quiero. Pero también sé que a veces la situación se me hace bola. Y tengo miedo por ella, porque no quiero que sufra. Y sufro por ello.
