AGOTAMIENTO
Me preocupa cierta tendencia a ocultar todo lo negativo que entraña convivir con la discapacidad. Es como si solo pudiéramos mostrar lo felices que nos hacen nuestros hijos y lo maravillosos que son. Faltaría más. A mí Livia me hace inmensamente feliz y es una personajilla como no hay otra. Divertidísima y muy fresca.
Ahora bien, eso es una cosa y otra muy distinta es no reparar en las dificultades que afrontamos las familias en nuestro día a día. No voy a quejarme de eso porque hay miles de personas que afrontan dificultades mayores que las que me encuentro yo. Pero si hay algo común, creo, es el agotamiento. No solo el físico, que también, sino sobre todo, el intelectual. Porque cualquier cosa que parece pequeña nos cuesta un mundo. Porque desde que te levantas hasta que te acuestas estás peleando.
Yo no suelo sucumbir ante el desánimo aunque a veces me puede. Y hoy ha sido una de esas veces en las que me he visto superada por los noes constantes de Livia, que dice NO cuando le preparas el desayuno, NO a la hora de recoger su plato, NO a la hora de ir a la piscina, NO a la hora de salirse del agua, NO a sentarse a la mesa a comer, NO, NO, NO……..
Y no es un tema de educación, no creáis. Es que la discapacidad intelectual conlleva estas cosas. Y tenemos que convivir con ellas. Y nos agotan. Y no está mal parar y reconocer que hay que hacer un alto y reconocer eso, el agotamiento.
