Mamá, el inglés se me da fatal
Ha llegado ese momento, temido, en el que Livia empieza a tener serias dificultades para seguir el ritmo de las clases. Las matemáticas se le hacen cuesta arriba y podríamos hablar, y mucho, de un sistema que considera que una niña con discapacidad intelectual puede aprender Naturales en inglés.
No voy a relatar cómo me sentí en la última tutoría que tuve porque sé que sus profesoras abordaron las dificultades de Livia con buena intención. Pero el sistema es perverso y te hace sentir fatal.
Ahora estamos aprendiendo inglés. El miércoles tiene un examen y el verbo “to be” se le hace cuesta arriba. Consigue leerlo a duras penas pero no puede retenerlo. Su hermana se lo ha copiado en la pizarra de su habitación, en afirmativo, negativo e interrogativo. Y lleva un rato practicando con ella. Yo voy a hacerle unas fichas para tenerlas a mano y así podamos repasarlas de vez en cuando. Pero, además de difícil, me pregunto si sirve para algo.
Ella lo intenta, con ganas. Y sólo dice, «Mamá, el inglés se me da fatal». Y a mí se me llenan los ojos de lágrimas porque ahora es sobre todo el inglés. Pero pronto, serán también las demás asignaturas. Todas. Y se frustrará, porque quiere aprender como el resto. Y no podrá.
Y no me valen las típicas frases de consolación. Hoy no.
